Friday, November 28, 2008

sobre mi nombre

En realidad, lo que tengo para decir no es nada tan profundo como lo que dicen mis camaradas.
Ésta es sólo una historia, mi historia, la de mi nombre.

Cuando era adolescente más de mil veces critiqué y maldije mi nombre: Alba Elena.
Me parecía anticuado, que no combinaba y pasado de moda.

Cuando mi papá murió, en el 94, empecé a redescubrir la historia de esas raíces y encontré una historia política revolucionaria y libertaria que iba mucho más allá del vínculo familiar que intentaba desentrañar…releí decenas de cuentos comunistas chinos que él me hacía leer cuando niña. La biblioteca de la casa estaba atestada de libros de Marx, de Lenin, de Engels y de Mao. Libros sobre Cuba, sobre la revolución y para la liberación. Casi instintivamente la revolución se hizo mi proyecto de vida, hoy lo agradezco con el alma.

Pero mientras tanto, seguía escarbando en historias y en cuentos. Mi abuela se llamaba Helena. Pero también su madre, su abuela, bisabuela, tatarabuela y tres generaciones ascendentes más de mujeres habían llevado el nombre a cuestas. Por qué el mío era sin hache? Qué le hizo pensar a mi papá que Elena combinaba con Alba?

Sólo hasta hace poco entendí que mi nombre es una bendición hermosa de mi padre, que quiso entregarme su proyecto de vida desde el nombre mismo: hacer inextinguible la lucha por el amanecer de éste nuestro ELN. Y es que el alba elena es el amanecer que festeja la llegada de un nuevo día para hacer la revolución.

Y juro que nada me hace más feliz que entregar mi cuerpo y mi alma todos los días para hacer de mi vida un proyecto guerrillero coherente de revolución y liberación con voluntad y consagración elena.

Juro también que prefiero la muerte por la libertad que la vida en la esclavitud y juro que no daré ni un paso atrás: liberación o muerte, alba elena.

Thursday, November 20, 2008

Que qué me pasa?

Me pasa que mamé de andar cagadita de la risa todo el día
Me pasa que me harté de resolver, responder y corregir.
Me pasa que me cansé de estar sola sintiendo que soy lo máximo y que por ende no lo merezco.
Me mamé de levantarme todos los días viviendo para gente que ni se sabe mi nombre.
Me mamé de sentir que soy la más izquierdista y la más revolucionaria cuando no hago nada ni siquiera para liberarme a mí misma
Me harté de que critiquen mis tiempos y me juzguen cuantitativamente.
Me cansé de sentirme una mala persona aún a sabiendas de que soy una persona transparente, honesta y dispuesta.
Me mamé de querer un novio bonito y que nadie se acerque.
Me dan ganas de llorar y sentirme tan sola…y también empute por sentir que lloro por algo que de pronto ni tenga importancia…por sentirme dramática y exagerada cuando de pronto no debería.
Me enchicha sentir el corazón blandito incapaz de arrancar
Me desespera preguntarme tanto por qué no hago las cosas bien
Me emputa no tener a quien llamar mil veces en el dia a decirle cosas bonitas o a quejarme.

Me emputa ser tan insegura aparentando ser tan segura.
Me mama ser como "un man" sensato a quien todo el mundo se acerca pidiendo consejos.

Me mama esto,
me mama todo.
No mas juemadre.

Entrelíneas de la ‘Caravana Blanca’. Más allá del Acuerdo Humanitario, la reconciliación cultural.

El 23 de mayo zarpó de Bogotá la Caravana Blanca por el Acuerdo Humanitario, la libertad de todos los secuestrados y la paz de Colombia hacia San José del Guaviare. Cientos de personas, entre familiares de secuestrados, organizaciones sociales y ciudadanos de a pié, se dieron encuentro en la Plaza de Bolívar de la capital de la República, y en una gran movilización empezó el viaje hacia esas tierras que desde acá, vemos tan distantes, inhóspitas, selváticas.

El Departamento del Guaviare sirvió como escenario para legitimar el clamor de la sociedad civil por el Acuerdo Humanitario y la paz de esta patria que cobija el drama de la guerra y sufre las desgracias de la violencia.

Y valga aclarar que esa violencia que vivimos en Colombia, no es sólo la de las armas, las bombas, el secuestro y los atentados. Hay otro tipo de violencia que aletargada, casi invisible, está destruyendo esta patria y cuyos efectos son igual de infames y devastadores: la violencia cultural; la de los estereotipos y la estigmatización del otro.

Si bien es cierto que en las últimas décadas el Guaviare ha sido protagonista de múltiples situaciones asociadas al conflicto armado, los medios de comunicación (entre muchos otros factores), junto con la ignorancia y pasividad de quienes nos sometemos a las verdades insubstanciales que éstos nos ofrecen, hemos construido un discurso conjunto, bastante infundado sobre estas tierras del Guaviare. Éste discurso, asumido como la única y posible verdad, poco nos habla, por ejemplo, de la calidad de su gente y lo maravilloso del paisaje. Desbordan por nuestros televisores imágenes acompañadas de frases y titulares alarmistas, que con un cierto tono encopetado, fatuo y jactancioso nos muestran una guerra cuya única raigambre y asilo pareciere guavierense. Y es que la esencia de la violencia cultural es ser traicionera, parsimoniosa y rezagada, y es por eso que sólo en el largo plazo empiezan a sangrar las heridas profundas ocasionadas por la negligencia de quienes informan además de la debilidad de quienes interpretamos.

Por su parte, la Caravana Blanca estaba colmada de buena voluntad y nobles intenciones; pero sí, a un mismo tiempo era perceptible, aunque no en gran medida, un cierto aire de inquietud e intranquilidad hacia lo que se pensaba era la realidad de la vida en el Departamento del Guaviare.

Y digo “se pensaba” porque la experiencia nos dio todas, todas las herramientas para entender que esa realidad somera, esos imaginarios culturales absurdos que hemos tenido a bien asentir inocentemente por tantos años, dista mucho del verdadero espíritu de estas tierras. Hoy, con inmensa alegría y amor de patria me atrevo a decir que el mayor fruto que he podido recoger de este ejercicio es el de la reconciliación cultural, el de encontrarnos de nuevo como hermanos y entender que la guerra no se hospeda en uno u otro lugar, sino en el corazón insensato de unos pocos. Comprendimos que el conflicto, tiene múltiples voces y facetas, y que por respeto a la democracia, quienes creemos que otro mundo es posible y que tanto nos jactamos de nuestra gran capacidad de reconciliación, debemos, en primera instancia, abogar por una visión de la realidad menos limitada y testaruda.

No podemos exigir a otros un Acuerdo Humanitario mientras a nuestras espaldas sigamos cargando el peso de los discursos que estigmatizan y mitifican el conflicto en su dimensión cultural. En Colombia, no podemos hacernos parte de un proceso de paz y defender la democracia si no nos disponemos a escuchar las múltiples voces que tejen la realidad. Es por eso que hoy, estoy segura, más que nunca, que éste ejercicio, como proceso de aprendizaje, nos deja una enseñanza invaluable, que es la de reconciliarnos culturalmente y en un ejercicio democrático, reflexivo y maduro, liberarnos de presupuestos fútiles carentes de argumentos. Debemos confiar más en lo que el corazón nos dice a partir de la experiencia propia antes de entregarnos sumisamente a los juicios de otros.

Es así como sobre la tierra del Guaviare queda escrito que no sólo nos resistimos a la violencia armada, sino también a la violencia cultural que disfrazada de verdades nos separa silenciosamente entre hermanos. Queda sembrada nuestra humildad y el alma entera abierta a redescubrir esta tierra y la lección de fortaleza y valentía que tiene para enseñarnos.

Amo el Guaviare casi como al amor de mi vida, que es mi trabajo.

Tuesday, November 11, 2008

tal cual









Creo en la Revolución.

Creo ahora más que nunca.

Creo que es posible.

Creo en mí.

Aún.

Creo en esto tan grande que llevo por dentro.

Creo en los demás

En su bondad y su inocencia.

Creo en la fuerza y el poder de la gente.

Yo,

entrego el alma.

Este es mi proyecto de vida…mi gran amor.

Si tuviera que morir, moriría. Casi complaciente.

Aunque sintiendo (con humildad soberbia) que mi vida poco fuere.

Pasan y siguen pasando los días y más me convenzo;

éste amor es más grande que yo.

Pero yo soy más fuerte que la duda.

Tanta injusticia sólo nos hará mas fuertes y decididos.

“LA UNIDAD PARTE DE VICTORIA”

Ni un paso atrás, liberación o muerte.